21 abr 2009

Una de piratas

Siguiendo con el tema que desde hace dos post nos atañe, ahora les traemos una historia de piratas. Y es que parece ser que la batalla, en la que por un lado se encuentra la empresas, instituciones, firmas de abogados y demás personal en contra del intercambio gratuito de archivos vía internet y por el otro están los cibernautas que creen en dicho intercambio, sin que ello implique algún delito; toma nuevos bríos, y es que los episodios que se han venido dando en los últimos días dan muestra de que la guerra está declarada y apenas comienza.

Apenas el viernes pasado el mega juicio que se libraba en contra de los creadores y administradores de Pirate Bay, tuvo su fin, resultando culpables los cuatro acusados de ayudar “a que los contenidos protegidos por derecho de autor estén disponibles”, dentro de dicho sitio web. El veredicto de un juez sueco incluye la condena de un año de prisión para cada uno de los enjuiciados, además de verse obligados a pagar la cantidad de 3.6 millones de dólares por los daños ocasionados a la industria (sic). Indudablemente las reacciones se dieron en cascada después del fallo de la justicia sueca, por una parte John Kennedy director de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en ingles), celebró el veredicto, aludiendo que la creatividad de las personas se veía protegida con este tipo de resoluciones.

Por su parte, los operadores de Pirate Bay dieron una conferencia de prensa vía Internet y colgaron un desplegado en su blog, en el que a grandes rasgos se pide a los usuarios y simpatizantes del portal no decaer, ante lo que ellos llaman un pequeño tropiezo, además incitan a "que la lucha continúe, colgando más torrents, abriendo blogs, seguir compartiendo archivos, invitar a los amigos a hacerlo y sobre todo a no tenerle miedo a la red. Así mismo, pide no hacer colectas, ni mucho menos dar donativos para pagar, lo que ellos llaman "esa estúpida multa", porque no lo van a hacer y por el contrario, si se quiere demostrar solidaridad piden se compren éstas playeras; también anuncian que el resolutivo será apelado ante la Corte sueca, por lo que el proceso puede durar de 2 a 3 años hasta tener un fallo definitivo.

Sin embargo, el día de ayer, simpatizantes de la bahía pirata de forma conjunta y coordinada atacaron el sitio web de la IFPI mediante el denominado ataque DDoS (si quieres saber que es un ataque DDoS da clic aquí), además de enviar faxes en negro a las oficinas de ésta; todo esto sin que alguien se haya adjudicado dichos ataques, dado que éstos son ilegales. Sumado a esto se reporta que el número de usuarios de Pirate Bay desde el viernes a la fecha se ha incrementado en un 20%. El sitio sigue funcionando con normalidad, dado que los servidores no se encuentran en Suecia.

Por su parte, la página de la IFPI (que en estos momentos se encuentra funcionando perfectamente), hace alarde de la "victoria" conseguida el viernes pasado, dentro de las noticias principales del sitio con el siguiente encabezado "La industria musical sueca e internacional dio la bienvenida hoy al juicio por la corte sueca contra los operadores de Pirate Bay.

Pues bien, habrá que estar al pendiente de lo que suceda en los próximos días, meses y años con el tema. Por mi parte, creo que la medida no soluciona ni solucionará la crisis en la que están metidas las industrias del entretenimiento (discográfica y cinematográfica, principalmente); así como tampoco menguará, mucho menos, erradicará el intercambio de archivos vía Internet; y como sucedió en 2001 con el cierre de Napster, el resultado se revertirá a la industria y sus brazos operadores (IFPI Y RIAA), una muestra lo ocurrido ayer con el servidor de la IFPI, el descontento de los usuarios-consumidores parece ser una bola de nieve en picada, que ellos mismos se han encargado de empujar y que tarde o temprano terminará por aplastarlos.

Termino con una frase de Kusek al respecto del intercambio de música vía Internet: "...Intercambian archivos gratuitamente porque les gusta la música y los artistas, no porque quieran causar daño; sencillamente, no se les ha dado suficientes opciones para que se comporten de otra manera" (Kusek 2007).

Para más información acerca del juicio AliadoDigital

Con la finalización de un año más las estadísticas y datos no se hicieron esperar, y no es de extrañar que nuevamente, en el pasado 2008, las ventas de discos cayeran de manera importante, sólo en Estados Unidos se habla de que la caída fue de hasta un 14% con respecto al año anterior (2007). Sin embargo y a pesar de haber vendido menos que en el 2007, las disqueras, pero sobre todo las majors (según George Yúdice, las cuatro majors, Sony-BMG, Universal, EMI y Warner, controlan cerca del 80% de las ventas de discos a nivel mundial), tienen la llamativa cifra de 352 millones de discos vendidos en el 2008, lo que seguro trajo consigo más de un par de dólares a los bolsillos de los representantes de estas trasnacionales.

Los apocalistas seguro estarán regodeándose con estas cifras y saldrán a decir que todo lo que han pregonado acerca del fin de la industria musical es cierto; sólo que existe un pequeño problema, estas personas han errado en algo, si bien es cierto que los números son claros y no mienten, además de representar un prueba contundente, de que a no ser que algo extraño suceda, la tendencia es la desaparición del cd (postura de la cual soy escéptico a pesar de los datos, pero ese es otro tema), hoy en día nadie puede negar que la música circula y se escucha más que nunca.


Alguien, indudablemente, se encuentra en crisis, o por lo menos a alguien deben de estarle pegando estas cifras, pero ni es a la industria musical (que no exclusivamente depende de la venta de discos), ni a la música y me atrevería a decir que ni a los músicos o artistas, al menos no del todo. Los realmente afectados resultan ser unos pocos que viven de las rentas que les dan las ventas de los cd’s, la crisis pues, radica dentro de la industria discográfica, dentro de las disqueras. Por ahora no hablaremos de ello.


Y es que efectivamente algo está cambiando dentro de la industria musical, pero ello no quiere decir que se encuentre en crisis. ¿Cómo se puede estar en crisis, si hoy es más sencillo conseguir y tener acceso a música de cualquier latitud? ¿Por qué hablar de crisis, si día con día, conocemos más y más bandas nuevas? Todo esto pareciera imposible hace algunos años ¿20? ¿15? No, hace apenas ¡10 años!, que al ritmo de ésta la sociedad de la información parecen ser siglos de distancia.


Hace diez años, tal vez pocos lo tengan presente o recuerden, comenzó todo; la historia de la industria musical dio un giro estrepitoso, para no volver nunca más, al punto de partida. Las nuevas tecnologías, que para entonces se encontraban en pleno ascenso, hicieron mella en el ámbito musical; el mp3 cambió completamente la concepción que hasta entonces teníamos de la música, convirtiéndola en algo, ya de por sí, totalmente abstracto y ubicuo, líquido dijera Bauman. Sin embargo no fue el formato lo trajo el cambio únicamente, aunque sí representa la piedra angular de este, se necesitaba algo que permitiera la distribución de dichos archivos mp3 de una manera sencilla.


Fue entonces que un chico de 19 años Shawn Fenning, creó un software que amenazaba con ser el tiro de gracia para las disqueras, a mediados de 1999, hace ya diez años, algunos pocos, que posteriormente fueron millones, conocieron y utilizaron un programa que su creador lo hizo llamar Napster, el cual permitía intercambiar archivos mp3 con otros usuarios que estuvieran conectados a través del programa en cualquier parte del mundo, mediante la tecnología peer to peer (P2P), esto significaba el acceso a “las bibliotecas de Alejandría del sonido grabado” como escribiera en alguna ocasión Javier Blánquez, sin salir de casa a tan sólo un par de clics de distancia y lo mejor de todo…completamente gratis.


Sobra decir que aquello representó un duro golpe a las majors la cuales al igual que hoy se lanzaron en una lucha en contra de Napster al sentir que sus intereses (¿económicos?), se veían afectados, pero sobre todos, según argumentaron se violaba los derechos de autor. Finalmente la batalla legal se decidió a favor del emporio discográfico y Napster cerró sus operaciones, sin embargo a partir de aquel verano del 1999 hasta la fecha, los magnates de las disqueras duermen mucho menos tranquilos que antes y es que con desaparecer Napster no se terminó el problema y al contrario de lo esperado por las trasnacionales, el efecto que sucedió fue la propagación de este tipo de software. La semilla estaba plantada y esperando florecer, miles y millones se encargaron de regarla y cultivarla.


Hoy en día parece ser lo más común que desde una computadora conectada a Internet se descargue un archivo mp3, ya sea por P2P, netlabels o blog’s, el incremento de descargas, legales e ilegales, va en ascenso ante la mirada horrorizada, de aquellos que sienten perder su empleo o miles de millones de dólares al año tras un escritorio, sólo por la sencilla razón de que ahora ya nadie los necesita para conseguir y escuchar la música que a cada quien le gusta.


Fanning y Napster fueron los pioneros en la reconfiguración de una industria musical que se encontraba necesitada de librarse de las manos de unos pocos que se dedicaron a exprimirla y explotarla hasta dejarla desahuciada y en estado de coma. Esas mismas personas, ahora sólo se limitan a contemplar como los cambios se dan sin necesidad de ellos, y es que ahora como hace 10 años siguen sin entender aquello que Kusek atina en apuntar al referirse a las personas que descargan e intercambian música por Internet: “Intercambian archivos gratuitamente porque les gusta la música y los artistas, no porque quieran causar daño; sencillamente, no se les ha dado suficientes opciones para que se comporten de otra manera”.