Hace un par de meses leía en esta revista un artículo sobre la fiebre de festivales que en los últimos años han invadido a España. También leía en algún lugar de la blogosfera un post sobre la festivalitis que azota a casi todo el planeta, y es que, basta con chechar la actividad del verano pasado para darnos cuenta de la cantidad de festivales que existen alrededor del mundo. Por su parte México no podía quedarse relegado en este rubro (claro siempre en busca de estar a la vanguardia) y ya hay varios festivales importantes, que si bien todavía están lejos de poseer, tanto los cartéles y prestigio de los festivales europeos y gringos, poco a poco se han ido consolidando dentro de la sui generis escena nacional.Sin embargo algo pasa con los festivales nacionales, (bueno primero cabe aclarar que hay para todos gustos y muy variados) padecen de existir a la sombra de una gran marca, ya sea de cerveza, cigarros, refrescos y hasta telefonos celulares entre otros. Esto podría pasar a segundo término al estar frente a un escenario viendo y escuchando a una gran banda y así lo pensaba yo; creía (¿creo?) que valía la pena el haberte chutado el bomardeo propagandistico, con tal de disfrutar de un buen concierto; que no importaba que los organizadores te llenaran con su marca e incluso... con su humo, siempre y cuando pudieras presenciar la actuación de tu artista favorito.
Pero todo esto cambió un poco de opinión cuando leí esta entrevista. Posteriormente me enteré de que uno de los festivales que más prestigio y arraigo ha ganado en los últimos años, y además, puede decirse que se mantiene al margen de las grandes marcas y con una propuesta más allá de lo musical, no se llevaría acabo en su edición 2008. El Manifest, debido a los problemas financieros que han afectado al orbe, en un comunicado de prensa, expresó la noticia de no llevar acabo el festival, debido a que los costos se dispararon en 35%, y no era justo que el impacto del incremento se viese reflejado en el costo de las entradas.

Recuerdo muy bien aquella edición del Manifest (la única) que no sólo se llevó acabo en la Ciudad de México, sino también en Guadalajara y Monterrey; el cartel de aquel entonces fue una sobredosis de post punk, que aún hace que se me enchine la piel, The Kills, Radio 4 y The Faint (uff, de lo mejor que he visto ese concierto de The Faint), pusieron a todos a bailar, y los que no lo hicieron no pudieron más que quedar boquiabiertos ante tal espectaculo. El año pasado The Rapture e Interpol llamaron mi atención para viajar al DF, para otra edición del Manifest, la organización, el sonido y las bandas no decepcionaron a pesar del intenso frio con el que Santa Fe nos recibió.
Son estos recuerdos los que hacen que me sienta un poco mal por la no realización del festival este año; sin bien los organizadores han señalado que el problema radica en la crisis financiera (dicen los que saben provocada por los especuladores); también valdría la pena tomar en cuenta algo. Dentro de la industria del espectaculo también existen especuladores, que no les importa encarecer los costos de un concierto, siempre y cuando sean ellos los que organicen y por ende los que se lleven las ganancias.
El emporio en el que se ha convertido desde hace ya unos años OCESA, junto con las trasnacionales, que ahora le entran al negocio de organizar festivales de música, han traido como consecuencia, sí por una parte una diversificación de eventos y artistas que antes no teníamos. Pero también son los causantes de encarecer los espectaculos y al mismo tiempo minar las esperanzas de otros promotores que sin el respaldo de la gran cantidad de dinero que poseen en OCESA, buscan abrir camino y proponer alternativas digamos "independientes" de los gigantes del show bisnes mexicano y de las propias trasnacionales.
Por lo pronto es oficial este año no habrá Manifest, esperemos que efectivamente, los especuladores de las bolsas de valores sean los culpables de ésta cancelación y no los especuladores del espectaculo, también confío en que el próximo año regresaran.